Una parte fundamental de los esfuerzos para la conservación en los espacios protegidos, que no necesariamente suponen inversión económica directa, se concreta en lo que denominamos la gestión preventiva: la elaboración de informes referidos a distintas actuaciones, o dentro de otros procedimientos administrativos (evaluación de impacto ambiental, planes especiales, planes de ordenación del territorio...) o a la autorización de aprovechamientos y actividades diversas.
Esta faceta de la gestión, esencial para alcanzar los objetivos de conservación, supone un gran esfuerzo de dedicación de tiempo y personal, pero por ser ejecutada normalmente por personal propio o departamentos de la administración con competencias en el espacio protegido -y al no requerir de inversiones directas- no se les presta en ocasiones la atención que merecen. Por ejemplo, raramente se reflejan en las memorias anuales de gestión.
Es esta parte se encuentra a disposición pública un documento de buenas prácticas para la gestión preventiva, desarrollado por el Grupo de Conservación de EUROPARC-España, y puede accederse a la base de datos de acciones de conservación preventiva elaborada por el apoyo de la Fundación Biodiversidad.
Buenas prácticas de gestión preventiva
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